Hace un par de décadas, el Déficit de Atención era un término casi desconocido para nuestra sociedad. Muchos adultos de hoy tuvieron esta condición en el pasado y nadie se dio cuenta de ello, debiendo enfrentar de manera solitaria el peso de padecerlo, con todos los lamentables resultados que pudo implicarles.

 

¿Qué es el Síndrome de Déficit de Atención?

 

El Síndrome de Déficit de Atención con Hiperactividad o sin ella (SDAH/SDA), es una condición que genera en quien lo padece, dificultad para concentrarse en sus tareas, prestar atención y controlar el comportamiento compulsivo.

 

Generalmente estamos acostumbrados a asociar esta condición con niños en etapa escolar, debido a que este es el escenario primordial para su expresión, porque es en este lugar en donde el niño debe adecuarse a un encuadre lleno de normas, reglas y estructuras.

 

En esta etapa, debe compartir por un tiempo de entre 5 u 8 horas diarias en un espacio reducido con unos 40 niños más, lo que para ellos representa una tarea maratónica, que generalmente termina en citaciones al apoderado, derivaciones a un psicólogo o mayoritariamente, a un neurólogo. Luego, aparecen las temidas recetas de Metilfenidato (en sus diferentes marcas), y todos los temores, fundados o infundados, que esto implica. De este tema está lleno el Internet, y como padres pueden buscar innumerable literatura al respecto.

 

Pero ¿qué se dice del adulto con SDA que no fue tratado?

 

Éste puede haber llevado una vida llena de complicaciones y haber sobrevivido a ellas, pero a un alto costo. Muchas veces es una persona que “pudo haber llegado lejos”, pero no se sabe qué pasó en el camino.

 

Son personas inteligentes, con muchas y variadas habilidades, habidos artistas, deportistas o músicos, pero generalmente “se quedaron en el camino”, pues no pudieron lidiar con la “estructura” de la vida.

 

Un adulto con Déficit de Atención puede ser disperso, desordenado y olvidadizo, comienza algo y no lo termina, anda de un lado para otro buscando su destino. Generalmente es tildado de “especial”, porque a pesar de todas sus habilidades no logra avanzar.

 

En la escuela era del montón, pero íntimamente siempre supo que podía dar mucho más. Su paso por la etapa escolar significaba un esfuerzo mayor que el de sus pares y esto pudo haber creado, paso a paso, una baja autoestima que no le permitió obtener mayores logros.

 

Probablemente comenzaba el año escolar con las mejores intenciones del mundo y con el pie derecho, hasta que al poco tiempo se dio cuenta de que sus compañeros estaban viendo cosas que no supo cuándo las pasaron. Desde ese punto, se comienzan a presentar mayores problemas de concentración, llenando el cuaderno de dibujos y terminando el año con un solo cuaderno para todas las materias.

 

Si usted considera que es uno de ellos, no sienta vergüenza de solicitar la ayuda de un especialista, porque la buena noticia es que nunca es tarde para enmendar el rumbo.

 

Existen los casos de muchos adultos, que a la mitad de su vida tomaron consciencia de que algo no andaba bien, por lo que decidieron acudir por ayuda profesional, lo que les permitió darle un cambio a su vida.

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