Hace 2,2 millones de años atrás los restos de una Supernova o explosión de un sol, llegaron a nuestro planeta, las bacterias magnetotácticas que viven en la superficie de los océanos de la Tierra, crearon dentro de sus células cientos de diminutos cristales de magnetita (Fe3O4). Las bacterias magnetotácticas obtuvieron el hierro del polvo estelar que entró en el océano.

 

Este proceso coincide con la evolución del ser humano, y sería también responsable de importantes modificaciones en el planeta, como los cambios en la atmósfera y el clima, que originaron la extinción de algunas especies y las mutaciones de otras.

 

Los griegos descubrieron la magnetita (Fe3O4) hace más de 2000 años, lo que dio lugar al concepto original de magnetismo, siendo utilizada ésta para construir la primera brújula.

 

Cuando se cristaliza a partir del magma, la magnetita conserva la dirección del campo magnético de la Tierra, lo que fue crucial para saber que el mismo ha invertido su orientación respecto al pasado. La magnetita es usada por diferentes animales, como aves, abejas o moluscos, para la orientación y la navegación utilizando el campo magnético terrestre.

 

En 1992, se ha descubierto la presencia de nanopartículas de magnetita en el cerebro humano. Sin embargo, cuando ésta no está alineado con el campo magnético de la Tierra puede generar partículas reactivas de oxígeno conocidas como radicales libres, que están relacionadas con el envejecimiento y los daños neurológicos, tales como el Alzheimer. Por eso su presencia es tan potencialmente significativa, porque es un material muy biorreactivo.

 

El núcleo del sol, de los planetas y de nuestro cuerpo contienen Hierro, la atracción entre éste y la Magnetita es de vital importancia, debido a que, tal como la Tierra posee un campo electromagnético que protege de la radiación cósmica, la magnetita fortalece el campo magnético personal para contrarrestar los efectos negativos de la radiación de antenas y aparatos electrónicos.

 

La radiación de los aparatos electrónicos afecta considerablemente la orientación magnética de las nanopartículas de magnetita que tenemos en nuestro cerebro, es por eso que es necesario reorientarlas, de manera que sincronice nuestro campo con el del planeta, evitando así enfermedades neurodegenerativas por envejecimiento neuronal.

TIACU, es la clave para solucionar este problema, las polaridades de sus imanes, permiten que las nanoparticulas de magnetita se reorientan y las enfermedades como Alzheimer, Parkinson, baja concentración, déficit de atención y otras enfermedades neurodegenerativas, puedan desaparecer de nuestras vidas.

 

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